Cuando alguien pide presupuesto para placas solares, casi siempre pregunta por el panel: la marca, la potencia, si es "full black"... Pero hay una decisión tan importante como esa que se comenta mucho menos: qué tecnología convierte la energía que generan los paneles en la electricidad que usas en casa. Ahí hay dos caminos — el inversor central de toda la vida, o los microinversores — y la diferencia entre uno y otro condiciona la seguridad, el rendimiento y la vida útil de toda la instalación.
Un inversor central es un único aparato, normalmente instalado en un garaje o cuarto técnico, al que se conectan todos los paneles del tejado en serie ("strings"). La corriente continua que generan viaja en conjunto, a alta tensión, desde el tejado hasta ese único punto, donde se convierte en la corriente alterna que usa tu vivienda.
Un microinversor, en cambio, es un pequeño convertidor instalado debajo de cada panel individual. La conversión de corriente continua a corriente alterna se hace ahí mismo, panel a panel, así que lo que sale del tejado ya es la misma corriente alterna de baja tensión que corre por el resto de tu instalación eléctrica.
Un inversor central necesita líneas de corriente continua de hasta 1.000 voltios recorriendo el tejado y, muchas veces, el interior de la vivienda hasta llegar al inversor. Con microinversores, esa corriente de alta tensión nunca sale del propio panel: por el resto del recorrido circula corriente alterna de un máximo de 230 voltios, la misma tensión con la que ya conviven el resto de electrodomésticos de tu casa. Menos tensión recorriendo la vivienda significa menor riesgo eléctrico y de incendio.
En un sistema con inversor central, los paneles de un mismo string dependen unos de otros: si uno se ensucia, queda en sombra parcial (por una chimenea, una antena o un árbol) o simplemente tiene una orientación distinta, arrastra hacia abajo el rendimiento de todo el grupo, aunque el resto reciba sol de sobra. Con microinversores, cada panel genera y se gestiona de forma completamente independiente, así que un problema en uno no afecta a los demás. Esto es especialmente útil en tejados complejos, con varias aguas, orientaciones o ángulos de inclinación distintos — muy habituales en las viviendas de la Costa del Sol — donde un microinversor por panel permite aprovechar superficies que con un inversor central rendirían muy por debajo de su potencial.
Un inversor central necesita un hueco físico dentro de la vivienda o el local — normalmente un garaje o cuarto técnico — y genera calor y un zumbido constante mientras funciona, además de necesitar ventilación. Los microinversores se instalan en el propio tejado, debajo de cada panel, y se refrigeran de forma pasiva, sin ocupar espacio dentro de la vivienda ni generar ruido perceptible.
Los microinversores Enphase que instalamos en Solarlife llevan una garantía de 25 años. El propio fabricante sitúa su tasa de fallo en torno al 0,05% al año — de media, solo hay que sustituir 1 de cada 2.000 unidades instaladas — gracias a que cada microinversor pasa pruebas exhaustivas antes de salir de fábrica. Y si alguna vez falla uno, solo afecta al panel correspondiente: el resto de la instalación sigue funcionando con normalidad mientras se resuelve.
Llevamos años trabajando en exclusiva con microinversores Enphase en todas nuestras instalaciones, tanto en viviendas como en empresas. No es una cuestión de moda: con los datos sobre la mesa, es la opción que ofrece más seguridad, más producción real —sobre todo en tejados con sombras u orientaciones múltiples— y más tranquilidad a largo plazo gracias a su garantía y fiabilidad. Además, se integran con la app de Enphase, desde la que puedes ver en tiempo real cuánto produce cada panel de tu instalación, no solo el total del sistema.
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